Críticas lapidarias (I)

El sexto sentido

No sé qué es peor, si el guión, obvio, tramposo y tópico, o la cara de lelo bueno-para-nada de Willis durante todo el metraje… Night Shyamalan, artero él, nos intenta vender su fallido producto con las inquietantes facciones del niño protagonista, que, ciertamente, puede llegar a infundir un sano terror.

Y, sí, yo también veo cosas a veces, pero no me pongo místico.

El día de mañana

En las películas de catástrofes de los 70 al menos había dos o tres señoritas de buen ver, y los protagonistas se echaban un cigarrito de vez en cuando… Ahora las catástrofes en la pantalla son políticamente correctas y a tiempo completo. Y duran mucho (las películas, las catástrofes no, suelen resolverse en torno al minuto ciento veinte de metraje).

El día de mañana es una nadería más de la Fábrica californiana: insípida, inodora. Pescado congelado de piscifactoria. Además, ni una tía buena que llevarse a la boca. Y Dennis Quaid tiene el aspecto del que le han sacado antes de tiempo de una clínica de desintoxicación.

El señor de los anillos (cualquiera de las tres, son igual de soporíferas)

La Trilogía del Bostezo. Esas varoniles melenas al viento, los interminables planos de helicóptero, esos cursis de las orejas, un malo abstracto y conceptual, un protagonista al que querrías ver muerto a los cinco minutos de metraje, un brujo digno de estar en la ejecutiva del PP, la chica-de-la-película más sosa y virginal que la mejor Doris Day, mucho fuego chorreando por todos lados, mucha computadora suelta, mucho orco desnortado con aspecto de haberse excedido en la ingesta de anís… Mucha nada.

¿Pero es que alguien en su sano juicio pudo ver los 3 films sin echar unas cuantas (muchas, en realidad) cabezaditas de vez en cuando?

Titanic

Por si fuera poco aguantar más de tres horas las estúpidas aventuras amorosas de una niña bien con problemas hormonales y de un pseudobohemio perfumado, al final tenemos que soportar como una cantante de nulo talento vocifera la canción más cursi de la Historia Occidental. ¡Ah, sí! Y además se hunde un barco muy grande.

El paciente inglés

O como si no tienes ni idea de qué contar, o no sabes hacer cine, perpetras una película muy larga, con mucho plano aéreo, en la que haga mucho calor, y en la que los actores hablen poco y se miren como miopes estreñidos. Por otra parte, el único film en el que el protagonista masculino no ha de realizar el esfuerzo titánico de fingir que le gusta la Binoche.

Waterworld

Una interesante película serie-B gravemente lastrada por el error de cálculo de querer venderla como una espectacular superproducción, la presencia de una niña repelente, y los (fallidos y desesperados) intentos de Kevin Costner de ocultar una calvicie galopante y sus patas de gallo.

Indiana Jones y el Templo Maldito

Lo malo de ambientar una película en la India es que te pones místico y pierdes el norte. Así le ocurrió a Spielberg, que firma una cinta plúmbea, sin interés y carente de ritmo alguno (a excepción de su magnífico y trepidante comienzo). Además, hasta los elefantes son más sexys y excitantes que Kate Capshaw. Sí, no me olvido, aquí también hay otro niño repugnante.

La matanza de Texas (1974)

Una estirpe de matarifes se divierte aterrorizando a turistas jóvenes, un tanto atorrantes y dopados. Ocasionalmente, se alimenta con sus cadáveres. Este título tuvo cierta repercusión en el circuito gore-serie B, pero, lamentablemente, al quedar confinado en él se le ha infravalorado, cuando es la mejor, más refinada y más ácida comedia de los 70. Y, muestra de otros tiempos más cimarrones, se tortura a un discapacitado.

La tormenta de hielo

O como la burguesía norteamericana ya estaba aburrida en los 70 hasta de tirarse al/a la vecino/a. Y el espectador también se aburre. Mucho. La vacía existencia de unos seres vacíos no es algo especialmente excitante, la verdad. Ahora bien, tienes la (agradable) sensación de que en cualquier momento Christina Ricci (una menor) nos va a enseñar las tetas.

El planeta de los simios (2001)

Colocar a Mark Wahlberg como protagonista de una película es una declaración de intenciones: ni sutilezas, ni matices. Como un puñetazo en la mandíbula. Así, Burton nos tortura con una torpe, bobalicona y (lo que es peor) aburrida versión del clásico de 1968. Y se echa de menos a Charlton Heston, lo que no dice demasiado del estado actual de la Factoría Hollywood.

La inevitable maciza esta muy maciza, en efecto. Y Helena Bonham Carter está infinitamente más guapa y deseable maquillada como primate que al natural, pero son pocos méritos frente al resto, incluyendo el estúpido final de la Gran Batalla, cuando simios y humanos se hacen amigos-para-siempre. Para vomitar.

Lo peor de todo: que nos amenazan con una secuela…

El Piano

Una banda sonora efectista y pegadiza enmascara una de las películas más injustamente sobrevalorada de los últimos tiempos. Las aventuras y desventuras de una mudita sempiternamente enfadada, que sólo reacciona cuando un tipo tosco y algo atrabiliario le alegra el alma (y el bajo vientre). Y para que el conjunto resulte más armonioso, la inevitable niña repipi e insoportable, y un piano en una playa, para que se puedan realizar los inevitables planos metafóricos/intelectuales/simbólicos.

Scoop

Si Scoop no la hubiera dirigido el señor Allen todo el mundo diría la verdad: que es un film flojísimo, insoportable y prescindible. Y también ya va siendo hora de que se admita que miss Johansson, más allá de su rotunda presencia carnal, es una actriz muy, muy limitada.

Matrix

Si a Matrix le quitamos el dichoso tiempo bala, la tía buena embutida en cuero, los setecientos mil millones de explosiones, golpes y disparos y la sonrisa sarcástica del agente Smith, ¿qué nos queda? Un bodrio insufrible con un pánfilo con el abrigo muy largo y un negro que no deja de soltar frases lapidarias, bodrio que no hay forma humana de digerir, te tomes la pastilla que te tomes.

¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Reivindico este magistral sainete patrio dirigido por el más inspirado Almodóvar. Con ese hueso de jamón homicida, ese lagarto, esa Forqué bordando el tópico de la puta-con-el-corazón-de-oro, esa niña telequinésica, ese videoclip de La bien pagá… Qué triste es cuando el artista empieza a tomarse demasiado en serio y olvida su pasado asilvestrado y dinamitero.

2001: Una Odisea del espacio

O como una narración críptica, incomprensible y narcoléptica realizada por individuos que da la sensación de que se les ha ido la mano con el ácido pasa a la Historia del Cine y de la Ciencia Ficción a caballo de un vals, un ordenador hipotenso y un tanto quisquilloso y un espléndido envoltorio visual. ¿Alguien sabe qué demonios significa el puto monolito?

Lost in Translation

Lo único favorable que se puede decir de esta nadería adolescente, investida de profundas aspiraciones de interpretar el shock de la Civilización incomunicada en estos principios de siglo, es que se ve unos segundos el culo de la Johansson. Y que Murray se pase todo el metraje con cara de memo que no sabe qué diablos hace en esta idiotez no es tampoco un mérito, no se engañen.

5 pensamientos en “Críticas lapidarias (I)

  1. En definitiva…con todo ese dinero desperdiciado daba yo de comer a muchos niños.
    Buena crítica.
    La Johansson sigue con sus limitaciones por dos veces aquí.
    ¿Cuál fue la última película buena que vio en el cine por última vez?Yo,NO LA RECUERDO.

  2. Coincido con usted.En que es una buenísima película(creo que ya nos la recomendó en el otro blog) y en que es la última que ví en el cine.Bueno,la última de Indiana tuve que ir a verla para llevar a mis hijos.
    Pero la industria del cine,últimamente,no me enamora nada de nada.Prefiero quedarme en casa,”conseguir” una película de la década de los 40(como mínimo)subtitulada y quitar el cuadro que pinté para usar la pared de pantalla.Una buena copa de vino y a disfrutar.Un vicio que tiene una.

  3. Joder, te has quedado tranquilo, tío.
    Yo me desahogo gritándole a la tele cuando ponen un partido de mi equipo, pero creo que voy a probar esto, debe ser muy relajante.

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