Las chicas 3-D son más fáciles

De un tiempo a esta parte, cuando veo los trailers de los más aparatosos blockbusters tengo la sensación de que siempre es la misma película, el mismo guión, los mismos entornos y efectos generados digitalmente… Lo único que varía un poco son los dos o tres actores que se colocan en el croma.

Lupe

Lupe Vélez

Hay artistas cuya auténtica obra es su propia vida y no aquéllas que realizan. La actriz mexicana Lupe Velez es un claro ejemplo de esto.

Siendo aún una adolescente deja México y se traslada a Hollywood con el claro objetivo de convertirse en una estrella de la gran pantalla. Su poderosa belleza latina llama pronto la atención y en 1927, con tan sólo 19 años, obtiene su primer gran papel, en el film de Douglas Fairbanks, The Gaucho. No tarda en ser conocida en el mundillo como la mexicana explosiva, por su fogoso y apasionado carácter, que también trasladaba a su dormitorio, por el que empezaron a desfilar los mejores sementales hollywoodenses, comenzando por John Gilbert, y continuando por su compañero de reparto en El canto del lobo (1929), Gary Cooper, con el que entabló un ruidoso y volcánico romance que duró varios meses de intensa actividad sexual.

Lupe Vélez

Mientras tanto, su labor profesional discurría en mediocres films en los que siempre interpretaba el mismo papel: la torrencial e indomeñable vampiresa latina. Paradójicamente, fue una de las pocas estrellas del cine mudo que consiguió continuar su carrera cuando llegó el sonoro. A partir de la película de 1933 Hot Pepper encuentra su nicho, la comedia ligera en la que se parodia a sí misma como devorahombres exótica, siempre rodeada de cómicos gesticulantes.

Ese mismo año ocurre el encuentro clave con un recién llegado a Hollywood, el atlético, varonil y apetecible campeón de natación Johnny Weissmuller, con el que se casa. El amor de su vida. Este matrimonio fue una de esas relaciones tormentosas de peleas, reconciliaciones, riñas públicas, separaciones, y vuelta a empezar. Weissmuller no podía entender la costumbre que hizo famosa a su esposa en las mejores fiestas de la ciudad: alzar su vestido hasta los hombros, algo que no hubiera sido tan llamativo si no fuera por la particularidad de que la Vélez no solía llevar ropa interior, a la que parecía ser alérgica.

A pesar de las continuas disputas de ambos, las fases de tregua eran intensas y muy aprovechadas, ya que Weissmuller llegó en varias ocasiones al rodaje de sus films con claras y visibles marcas de las uñas de su mujer en el pecho y en la espalda, o señales de su dentadura en el cuello. Auténtico amor-odio. Se divorcian en 1938.

Lupe Vélez

A partir de este momento, la vida y la carrera de Vélez se empiezan a deslizar pendiente abajo. Ya no obtiene papeles en títulos importantes y pasa a ser una figura decadente en la serie B. Sus necesidades sexuales son cubiertas por actores de segunda fila, especialistas, y demás profesionales del negocio, para recalar finalmente en el destino de muchas ex-estrellas maduras: los gigolós más o menos profesionales. Intenta endezar su rumbo volviendo a México para protagonizar una adaptación de la novela de Zola, Nana, que es bien recibida, pero no el éxito que ella esperaba. Despechada, vuelve a Hollywood, donde empieza el capítulo final.

Es 1944. Lupe está embarazada. El padre es un tal Harald Ramond, su último amante. Estalla entonces un conflicto en la contradictoria personalidad de la actriz. A pesar de su estilo disipado de vida es una ferviente católica, que no puede abortar, ni tampoco vivir con la vergúenza de ser una madre soltera. Intenta convencer a su amante de que se case con ella, pero éste tan sólo accede a celebrar una boda-farsa, con el compromiso de que Vélez firme un documento privado en el que reconozca que la ceremonia se celebraba simplemente para dar un apellido al niño que venía en camino. También se especula que Ramond pidió dinero para realizar esta pantomima, pero es un extremo no confirmado. Vélez, harta del botarate, estalla y comunica a una periodista amiga que su compromiso con Ramond está roto. El fin está muy cerca.

Lupe Vélez

Además de su embarazo no deseado, Lupe está arruinada. Ella sigue manteniendo su alto tren de vida, puesto que en la ciudad la firma de una estrella sigue valiendo. Compra cosas y firma las facturas que sabe que no pagará. Prepara con todo lujo de detalles su última noche. Se pone su mejor vestido, su mejor lencería, e invita a cenar a sus dos mejores amigas, Estelle Taylor y Benita Oakie, esposa de Jack Dempsey. Comida mexicana, copas y confesiones. La starlet les comenta que está cansada y que no podría asesinar a su bebé. Antes se mataba ella. Vélez vuelve a su mansion de North Rodeo Drive a altas horas de la madrugada. Sola.

Su doncella descubre el cadáver de la actriz la mañana siguiente. En el dormitorio hay un rastro de vómito que conduce hasta el baño. La criada encuentra a su ama allí. Se había tomado un buen montón de pastillas, concretamente seconal, que interactuaron con la comida mexicana y le provocaron violentas convulsiones gástricas, que impulsaron a una medio insconsciente Vélez hasta el baño.

La versión oficial del suicidio fue que había sido encontrada en su cama, como si durmiera plácidamente. Había dejado una nota:

“To Harald,
may God forgive you and forgive me too but I prefer to take my life away and our baby’s before I bring him with shame or killing him,
Lupe.”

Tenía 36 años.

Lupe Vélez y Gary Cooper

Para la realización de este artículo me he documentado en la Red y con el (recomendable) libro de Kenneth Anger [+], Hollywood Babilonia.

Margarita Rodríguez Garcés

Mercedes Alonso como Margarita

Haciendo un poco de arqueología cinematográfica he desenterrado un título mítico del cine español, Margarita se llama mi amor, film de 1961. Es la historia de una jamona de muy buena familia (interpretada por la algo más que turgente Mercedes Alonso) que va a la Universidad en un descapotable rojo y que, obviamente, tiene revolucionada a toda la muchachada del campus. Ellas la odian, y el resto suspira a su paso. Ella, ambiciosa e inquieta, está enamorada, sin embargo, de un joven profesor un tanto atribulado. El resto se lo pueden imaginar.

Resulta enternecedor observar el modo en que los universitarios de ficción manejan los recursos económicos con cierta alegría. Y es un ejercicio de nostalgia recordar ese lejano Madrid, cuyo tejido urbano es casi irreconocible.

Pero la historia no acaba aquí. La tal Margarita se especula que existió realmente y que sirvió de inspiración a Julio Salgado, autor de una canción del mismo título, que fue el himno de las Milicias Universitarias desde 1948. Desde el primer momento fue todo un éxito, y se extendió a ámbitos no castrenses. Y llegó hasta dar origen al film comentado.

Como no podía ser de otro modo, pongo a su disposición esta bonita melodía, a la que pueden acceder si pulsan el siguiente enlace.

Inisfree

El hombre tranquilo

El hombre tranquilo

Esta es la historia de un emigrante que vuelve al lugar donde nació,

El hombre tranquilo

una pelirroja,

El hombre tranquilo

un cacique fanfarrón,

El hombre tranquilo

una viuda,

El hombre tranquilo

un casamentero que nunca bebe agua,

El hombre tranquilo

y una peculiar comunidad.

Una pinta por cuenta de la casa

Este pequeño homenaje no puede estar completo sin su música, así que he preparado un pequeño paquete con cuatro temas de la espléndida banda sonora del film, compuesta por Victor Young. Los temas incluidos son:

  • Main Title & Castletown Opening
  • Journey To Innisfree
  • The Isle Of Innisfree
  • Finale & End Title

El archivo se puede descargar desde el siguiente enlace:

Críticas lapidarias (I)

El sexto sentido

No sé qué es peor, si el guión, obvio, tramposo y tópico, o la cara de lelo bueno-para-nada de Willis durante todo el metraje… Night Shyamalan, artero él, nos intenta vender su fallido producto con las inquietantes facciones del niño protagonista, que, ciertamente, puede llegar a infundir un sano terror.

Y, sí, yo también veo cosas a veces, pero no me pongo místico.

El día de mañana

En las películas de catástrofes de los 70 al menos había dos o tres señoritas de buen ver, y los protagonistas se echaban un cigarrito de vez en cuando… Ahora las catástrofes en la pantalla son políticamente correctas y a tiempo completo. Y duran mucho (las películas, las catástrofes no, suelen resolverse en torno al minuto ciento veinte de metraje).

El día de mañana es una nadería más de la Fábrica californiana: insípida, inodora. Pescado congelado de piscifactoria. Además, ni una tía buena que llevarse a la boca. Y Dennis Quaid tiene el aspecto del que le han sacado antes de tiempo de una clínica de desintoxicación.

El señor de los anillos (cualquiera de las tres, son igual de soporíferas)

La Trilogía del Bostezo. Esas varoniles melenas al viento, los interminables planos de helicóptero, esos cursis de las orejas, un malo abstracto y conceptual, un protagonista al que querrías ver muerto a los cinco minutos de metraje, un brujo digno de estar en la ejecutiva del PP, la chica-de-la-película más sosa y virginal que la mejor Doris Day, mucho fuego chorreando por todos lados, mucha computadora suelta, mucho orco desnortado con aspecto de haberse excedido en la ingesta de anís… Mucha nada.

¿Pero es que alguien en su sano juicio pudo ver los 3 films sin echar unas cuantas (muchas, en realidad) cabezaditas de vez en cuando?

Titanic

Por si fuera poco aguantar más de tres horas las estúpidas aventuras amorosas de una niña bien con problemas hormonales y de un pseudobohemio perfumado, al final tenemos que soportar como una cantante de nulo talento vocifera la canción más cursi de la Historia Occidental. ¡Ah, sí! Y además se hunde un barco muy grande.

El paciente inglés

O como si no tienes ni idea de qué contar, o no sabes hacer cine, perpetras una película muy larga, con mucho plano aéreo, en la que haga mucho calor, y en la que los actores hablen poco y se miren como miopes estreñidos. Por otra parte, el único film en el que el protagonista masculino no ha de realizar el esfuerzo titánico de fingir que le gusta la Binoche.

Waterworld

Una interesante película serie-B gravemente lastrada por el error de cálculo de querer venderla como una espectacular superproducción, la presencia de una niña repelente, y los (fallidos y desesperados) intentos de Kevin Costner de ocultar una calvicie galopante y sus patas de gallo.

Indiana Jones y el Templo Maldito

Lo malo de ambientar una película en la India es que te pones místico y pierdes el norte. Así le ocurrió a Spielberg, que firma una cinta plúmbea, sin interés y carente de ritmo alguno (a excepción de su magnífico y trepidante comienzo). Además, hasta los elefantes son más sexys y excitantes que Kate Capshaw. Sí, no me olvido, aquí también hay otro niño repugnante.

La matanza de Texas (1974)

Una estirpe de matarifes se divierte aterrorizando a turistas jóvenes, un tanto atorrantes y dopados. Ocasionalmente, se alimenta con sus cadáveres. Este título tuvo cierta repercusión en el circuito gore-serie B, pero, lamentablemente, al quedar confinado en él se le ha infravalorado, cuando es la mejor, más refinada y más ácida comedia de los 70. Y, muestra de otros tiempos más cimarrones, se tortura a un discapacitado.

La tormenta de hielo

O como la burguesía norteamericana ya estaba aburrida en los 70 hasta de tirarse al/a la vecino/a. Y el espectador también se aburre. Mucho. La vacía existencia de unos seres vacíos no es algo especialmente excitante, la verdad. Ahora bien, tienes la (agradable) sensación de que en cualquier momento Christina Ricci (una menor) nos va a enseñar las tetas.

El planeta de los simios (2001)

Colocar a Mark Wahlberg como protagonista de una película es una declaración de intenciones: ni sutilezas, ni matices. Como un puñetazo en la mandíbula. Así, Burton nos tortura con una torpe, bobalicona y (lo que es peor) aburrida versión del clásico de 1968. Y se echa de menos a Charlton Heston, lo que no dice demasiado del estado actual de la Factoría Hollywood.

La inevitable maciza esta muy maciza, en efecto. Y Helena Bonham Carter está infinitamente más guapa y deseable maquillada como primate que al natural, pero son pocos méritos frente al resto, incluyendo el estúpido final de la Gran Batalla, cuando simios y humanos se hacen amigos-para-siempre. Para vomitar.

Lo peor de todo: que nos amenazan con una secuela…

El Piano

Una banda sonora efectista y pegadiza enmascara una de las películas más injustamente sobrevalorada de los últimos tiempos. Las aventuras y desventuras de una mudita sempiternamente enfadada, que sólo reacciona cuando un tipo tosco y algo atrabiliario le alegra el alma (y el bajo vientre). Y para que el conjunto resulte más armonioso, la inevitable niña repipi e insoportable, y un piano en una playa, para que se puedan realizar los inevitables planos metafóricos/intelectuales/simbólicos.

Scoop

Si Scoop no la hubiera dirigido el señor Allen todo el mundo diría la verdad: que es un film flojísimo, insoportable y prescindible. Y también ya va siendo hora de que se admita que miss Johansson, más allá de su rotunda presencia carnal, es una actriz muy, muy limitada.

Matrix

Si a Matrix le quitamos el dichoso tiempo bala, la tía buena embutida en cuero, los setecientos mil millones de explosiones, golpes y disparos y la sonrisa sarcástica del agente Smith, ¿qué nos queda? Un bodrio insufrible con un pánfilo con el abrigo muy largo y un negro que no deja de soltar frases lapidarias, bodrio que no hay forma humana de digerir, te tomes la pastilla que te tomes.

¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Reivindico este magistral sainete patrio dirigido por el más inspirado Almodóvar. Con ese hueso de jamón homicida, ese lagarto, esa Forqué bordando el tópico de la puta-con-el-corazón-de-oro, esa niña telequinésica, ese videoclip de La bien pagá… Qué triste es cuando el artista empieza a tomarse demasiado en serio y olvida su pasado asilvestrado y dinamitero.

2001: Una Odisea del espacio

O como una narración críptica, incomprensible y narcoléptica realizada por individuos que da la sensación de que se les ha ido la mano con el ácido pasa a la Historia del Cine y de la Ciencia Ficción a caballo de un vals, un ordenador hipotenso y un tanto quisquilloso y un espléndido envoltorio visual. ¿Alguien sabe qué demonios significa el puto monolito?

Lost in Translation

Lo único favorable que se puede decir de esta nadería adolescente, investida de profundas aspiraciones de interpretar el shock de la Civilización incomunicada en estos principios de siglo, es que se ve unos segundos el culo de la Johansson. Y que Murray se pase todo el metraje con cara de memo que no sabe qué diablos hace en esta idiotez no es tampoco un mérito, no se engañen.

Nude on the Moon

Nude on the Moon

Nude on the Moon

Érase una vez dos científicos que consiguen de forma ocasional una bonita suma de dólares y deciden emplearla en construir un cohete e ir a la Luna a investigar. Hasta aquí todo normal. Es el comportamiento previsible de unos científicos con tiempo libre y un poco de dinero disponible.

Nude on the Moon

Nude on the Moon

La historia empieza a tomar un cariz un tanto peculiar cuando al alunizar en nuestro satélite descubren que se caracteriza por una frondosa y cuidada vegetación tropical, un aire fresco y tonificante, y un clima soleado y caluroso. Todo muy parecido a Florida, sin ir más lejos.

Nude on the Moon

Nude on the Moon

Y nuestro cuento se desliza hacia lo delirante cuando los intrépidos investigadores se topan con la cruda verdad: la Luna está habitada por bellas y bien dotadas selenitas en topless, y unos cuantos varones musculosos y bronceados de inequívoco aspecto gay.

Nude on the Moon

Nude on the Moon

Nude on the Moon

Nude on the Moon

Y los selenitas se comunican telepáticamente, y tienen otros pasmosos poderes mentales. Y las señoritas gozan y disfrutan de los sencillos juegos en plena naturaleza. Y uno de los científicos se enamora de la Reina de la Luna… Y hasta aquí puedo leer.

Éste es el argumento de Nude on the Moon, un típico film sexploitation de 1961, época en la que se realizaron un buen número de títulos para adultos, algunos de ellos con la excusa de que eran pseudocumentales que ilustraban la vida de comunidades nudistas. Eran cintas inocentes y simpáticas, nada de porno penetrador y percusivo.

Nude on the Moon

Nude on the Moon

Fue codirigido por Doris Wishman, una mujer que hizo una carrera interesante en estos terrenos de la serie B sicalíptica en los años 60 y 70 del pasado siglo. Aunque calificar como serie b a esta cinta es ser muy generoso. Aún así es un título chispeante de la cultura pop de los 60, idóneo para animar una tarde aburrida. Una última advertencia: no hay versión en español, cuestión ésta, por otra parte, totalmente intrascendente, dado que los diálogos no los escribió Proust, precisamente.

Nude on the Moon

Nude on the Moon

Giulietta degli Spiriti

Giulietta degli Spiriti

Nino Rota – Giulietta degli Spiriti

Ha habido pocos compositores con el talento y la habilidad de Nino Rota para conjugar la melancolía de los (felices) tiempos pasados, la diversión de la niñez y los sonidos del circo, y el latido nocturno de la ciudad. Rota inventó el jazz del sur, el jazz meridional, bañado por el Mediterráneo, con olor a orquestina de feria y sabor a vestido nuevo de domingo. Por ello, Fellini le hizo su compositor.

De su larga colaboración todos recordamos melodías legendarias. Una de mis preferidas es la del film de 1965 Giulietta degli Spiriti.

Mangano

Silvana Mangano en Arroz amargo

Tengo ganas de bailar
el nuevo compás.
Dicen todos cuando me ven pasar
¿Chica, dónde vas?
Me voy p’a bailar
El bayón

Cualquier persona de la generación de mis padres reconocería la imagen que encabeza el artículo y recordaría esta canción. Silvana Mangano se convirtió en un mito erótico gracias a su sensual presencia en Arroz amargo (1949), uno de los títulos claves del neorrealismo. Novia de Marcello Mastroianni por un corto espacio de tiempo, fue éste quien ayuda a esta antigua Miss Roma a introducirse en el mundo del cine. Ese papel en el film citado la lanza al estrellato.

Se casa con el entonces joven productor Dino de Laurentiis, que intenta convertirla en otra estrella italiana para el mercado mundial, a la misma altura de Sophia Loren o Gina Lollobrigida. Nunca lo consiguió, pero sí fue una actriz notable, con una filmografía interesante, especialmente desde finales de los años 60 a mediados de los 70. Ha madurado como intérprete. Ya no es el mito sexual de su primera juventud, sino una mujer serena, elegante y dúctil, que se convierte en capital para Pasolini [Edipo rey (1967), Teorema (1968)], y posteriormente para Visconti [Muerte en Venecia (1971), Ludwig (1973), y Confidencias (1974)].

Silvana Mangano y Vittorio Gassman

Les he preparado unos cuantos archivos que espero sean de su agrado. Empezando por una minigalería de imágenes, y siguiendo por dos cortos pero interesantes documentos videográficos. El primero, perteneciente Arroz amargo, en el que su baile contoneante pone nervioso al más templado. El segundo es un cariñoso homenaje de Nani Moretti a la famosa escena de Anna (en la que Mangano cantaba el famoso y caliente bayón), del film del director romano Caro diario.

No se vayan todavía, aún hay más

Silvana protagonizó varios films con estrellas internacionales, entre ellos Mambo (1954), junto a Shelley Winters y Michael Rennie. Este título ha pasado a dominio público y puede descarge de forma totalmente legal en archive.org.

Y como sorpresa final, Mangano compartió sus cuitas de dormitorio con un joven Clint Eastwood en el film de episodios Le Streghe (1967). En youtube se pueden ver (al menos a día de hoy) dos largos fragmentos de este curioso film.

Silvana Mangano y Clint Eastwood en Le Streghe

Silvana Mangano murió en Madrid a los 59 años a causa de un cáncer de pulmón. Llevaba ya varios años retirada. Vivía a caballo de la capital española y París haciendo tapices.

Behind the Green Door

Behind the Green Door

Daniel Le Blanc – Behind the Green Door

Los auténticos entendidos ya sabrán qué se esconde tras esa mítica puerta verde, la entrada a un mundo de fantasías carnales, un teatro del absurdo en el que pueden convivir monjas y trapecistas.

Behind the Green Door fue la primera película porno de distribución comercial en convertirse en un éxito popular. Estamos en 1972, el comienzo de la Edad de Oro del género. Marilyn Chambers, la protagonista del film, fue un icono, como muy poco después lo sería miss Lovelace, cuyo personaje tenía ciertas peculiaridades anatómicas. Grandes tiempos de una forma de hacer cine adulto, desgraciadamente olvidada.

Dado que el cine porno no se distingue por sus profundos y sesudos diálogos (no sería creíble un discurso tipo novela rusa en plena gimnasia sexual), la música que ambienta estos films tiene cierta importancia. Y las bandas sonoras de este porno temprano eran realmente estimables. Había rock, psicodelia, funk, jazz-rock…. Si pueden hacerse con algunas de estas piezas musicales no se arrepentirán. Hoy les dejo una pequeña muestra, perteneciente al film citado, compuesta por un tal Daniel Le Blanc, del que no he podido localizar más información que también es co-autor de la banda sonora de Freakshow.

Ocean. Y algunos más

Ocean's Eleven Ocean's Twelve

Las dos primeras entregas de las vicisitudes de Daniel Ocean y sus compinches (dirigidas por el irregular y errático, pero ocasionalmente brillante, Steven Soderbergh) son un excelente ejemplo de cine de entretenimiento eficaz y competente. Y por una vez, y sin que que sirva de precedente, superiores al original en el que se basan.

Las bandas sonoras de estos dos films son puro groove lounge, elegante, moderno y sofisticado. Junto a canciones recuperadas para la ocasión, brillan los temas originales del norirlandés David Holmes, un antiguo DJ reconvertido a compositor, que capta perfectamente el espíritu y el tono de este tipo de peliculas y las dota de un fondo sonoro terso, contundente y memorable.

Pueden gozar de dos muestras del trabajo de Holmes a continuación. El primer tema proviene de Ocean’s Twelve, y el segundo de Ocean’s Eleven.

La Resa dei Conti de ‘La muerte tenía un precio’

For a Few Dollars More

Ennio Morricone – La Resa dei Conti (For a Few Dollars More)

Sol inclemente. Calor. Desierto. Un pueblo fantasma. Cardos rusos rodando por la calle principal, arrastrados por un viento polvoriento. Almería. Suena una armónica. Leone. Morricone.

Mi mundo funciona así.

Año 1965. Leone dirige el segundo film de su trilogía del dólar, que en España se llamó La muerte tenía un precio, pero su título original era Per qualche dollaro in più. Morricone vuelve a firmar una sensacional banda sonora. Barroca, excesiva, dramática, wagneriana, inolvidable. Si no se estremece escuchando el tema que les propongo, ha llegado para usted el momento de cambiar de consejero espiritual.

La señorita Funicello

Annette Funicello

Annette Funicello y Frankie Avalon

Esta robusta y dotada señorita es Annette Funicello, una cantante y actriz que fue ídolo de la infancia y la juventud norteamericanas en las décadas de los 50 y los 60. Su carrera empezó muy pronto, cuando fue elegida por el propio Walt Disney para intervenir en su show televisivo The Mickey Mouse Club. Fue estrella Disney durante diez años, en films, televisión y discos.

Cuando el paso del tiempo desencadenó que la biología hiciera demasiado evidente lo evidente, evolucionó con naturalidad hacia el rol de estrella para adolescentes en innumerables películas playeras, algunas de ellas junto al inefable Frankie Avalon. Los guiones de estos films nunca fueron una seria amenaza en la carrera para conseguir un Premio Pulitzer: risas, canciones, bikinis, playa, coches, primeros amores y primeros picores. Y un poco de surf.

Annette Funicello

Annette y Frankie tuvieron una sorprendente reaparición en 1987 en el un tanto patético Back to the Beach, que los mostraba como dos amantísimos padres de familia del Medio Oeste que volvían a California para solucionar los problemas emocionales de su hija.

En un derroche de medios inusual en estos tiempos descreídos, pongo a su disposición dos bonitas melodías interpretadas por nuestra querida Annette. Éstas son:

Afortunadamente, hay bastantes testimonios audivisuales de las habilidades canoras e interpretativas de Miss Funicello. Así que, pongáse cómodo y retroceda por el tunel del tiempo a los felices y disipados años 60. Las fiestas playeras californianas les esperan.

Sudor, higiene íntima y celuloide

No soy muy partidario de las típicas clasificaciones confeccionadas por paneles de expertos tipo Las 100 mejores películas luxemburguesas de los años 50 y similares, pero si el asunto se enfoca con sentido del humor y carencia de pretensiones, sí me divierten estos juegos triviales. Y la climatología invita a ello. Por eso, me atrevo a proponerles la lista que pueden ver abajo. Sí, sé que es un tanto peculiar…

Las películas en las que más se suda

  • Doce hombres in piedad
  • Cualquiera de submarinos de la Segunda Guerra Mundial
  • Alien
  • Ben-Hur
  • Un tranvía llamado deseo
  • Infierno en el Pacífico
  • Cualquier spaghetti-western de Sergio Leone
  • El puente sobre el Río Kwai
  • Apocalypse Now
  • Espartaco